Sunday, August 14, 2005

Odisea (III) La Segunda Version de Kazantzakis

La primera vez que escuché hablar de Kazantzakis, pensé que era un osado más tratando de imitar a los clásicos, desde que él mismo propuso su poema homónimo como continuación del de Homero. Ideológicamente, ambos poemas parecieran tomar vertientes distintas y más aún, jamás encontrar un punto de comparación, pues son diametralmente opuestos. Por esta razón, quise comentarles esta obra -a parte de ser mi libro favorito-.
Kazantzakis escribe su Odisea en 1923, mas, corrige continuamente sus versiones hasta la edición final de 1938, que es la que citaremos en este post. El bagaje homérico es evidente formalmente porque Kazanzakis nunca negó que su poema iniciaba a partir del canto XXII de la Odisea de Homero. La continuidad entonces radica en el uso de la lengua arcaica, aunque no idéntica a la del milenario aedo ciego; el uso del hexámetro dactílico es el mismo, incluso se tratan ambos poemas de versos de 17 sílabas; las habilidades estilísticas de Kazantzakis igualan a las de Homero en una simplificación de la flexible lengua griega; más aún, el escritor cretense divide su obra de 33,333 versos en 24 rapsodias y la estructura de igual forma que su predecesor, in medias res. Las similitudes estilísticas son evidentes aún más en los originales, con el exacerbado uso de epítetos, Kazanzakis innova la composición de nuevas palabras sujetas a las medida de sus hexámetros.
En el poema moderno, tras el regreso de Odiseo a Ítaca, éste, insatisfecho de la vida hogareña decide invertir el viaje, emprendiéndolo a partir de su isla con un fuerte anhelo de encontrar el sentido de su existencia, a donde desea morar. Su primera parada es en Esparta, en donde rapta a Helena -alusión al motivo que detonó su primera partida y la guerra de Troya-, más tarde, radican juntos en Creta, hasta que una conspiración destrona al rey, asediando la ciudad, ahí abandona a Helena y parte para Egipto, a donde es acogido tras un naufragio y cuenta sus aventuras pasadas -justo como en el país de los Feacios en Homero-, en Egipto lleva una vida ostentosa, seducido por Cleopatra durante varios años -nueva Calipso- hasta que una huelga de obreros destruye su paz y decide partir solo a fundar una nueva ciudad que llamará Utopía. Tras un demencial terremoto, su ciudad es destruida y se encuentra por fin, con la anhelada libertad, emprende nuevamente un viaje por mar, cruzando todo el Mediterráneo, encontrará a Buda en una de sus reencarnaciones (Manayís), a un pescador llamado Jesús (Cristo) y al "Kapetan Enas" figura elucidada del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Finalmente, sólo sin esperanza navega hasta el polo sur, en dirección opuesta a su Ítaca y muere entre la niebla y el hielo del lugar al que anhelaba llegar: su última morada, la nada.
La inversión del viaje, acontece de manera similar, no geográficamente, ni a niveles de motivos tan evidentes como en el filme en cuestión, sino en un nivel metafórico. Así, los monstruos y tormentos con los que Odiseo se encontró según Homero, Kazantzakis los torna interiores, en pasiones, sufrimientos y temores del mismo personaje. Mas el personaje es el mismo, Odiseo, el viajero de múltiples pesares que anhela llegar a su destino, en la segunda parte: al sentido de su propia existencia.
Una escena muy conocida de la Odisea homérica es la entrada de Odiseo al Hades. Kazantzakis no hace descender a su héroe, más aún, retoma frases puntuales de Homero como ejercicio poético al que otorga una nueva acepción, en los siguientes versos. Primero cito el consejo que Tyresias da al viajero para atraer a los muertos y luego en la cita de Kazanzakis, el uso de los mismos versos para evocar las memorias:
De los muertos, aquel que dejes beber de la negra sangre, te otorgará sus verdades, y a quien no ofrezcas el preciado manjar, mostrará su traslúcida espalda y seguirá su camino.
Mas, se abre ya la azul compuerta de la oceánica memoria; ¿a quién recordar primero y a quién relegar a las tinieblas? En la oquedad de su pecho atropéllanse las sombras de sus amados compañeros: ¡Dame a mí tu sangre para beberla y revivir! Mas, sin piedad su duro espíritu elige a los espectros; y mirando las llamas con fijeza, empezó lentamente a extraer del profundo recuerdo rumoroso el hilo de mil vueltas que era su viaje.
Odiseo, en la épica moderna, no encuentra más monstruos que sus propios pensamientos, en cambio, la obra nos ofrece una galería de personajes célebres, en niveles religiosos y literarios. No es mi intención discutir la filosofía ni la religiosidad implícita en la obra de Kazanzakis, pues ello constituye uno de los factores que hasta ahora la han hecho de difícil acceso a los lectores. Por esta razón, citaré el encuentro de Odiseo y Don Quijote, omitiendo el de Buda y Cristo:
Y el capitán uno lanza un grito y golpea a Odisseo con el pie: "mira cómo se llevan de nuevo a los esclavos, levántate, hermano mío" clama la libertad ¡arriba el espíritu y me come la mano! Mas el arquero de frente ancha lo coge con fuerza y lo sienta en el suelo: ¿de dónde sacas tal furia atormentada, tal fuerza? Eres ya un viejo desarmado, y no pierdes el coraje. Y el anciano enfurecióse y chispearon sus ojos extraviados: "yo no estoy desarmado; la justicia es mi broquel, imperfecto salió el mundo de las manos del señor, y yo debo partir para perfeccionarlo. Mientras la injusticia, el temor, la esclavitud y otros males tiranicen el mundo, he jurado no dejar nunca libre la espada, hermano mío. Síganme ahora los que son fieles, mi corazón, los muchachos, ya no teman.
Finalmente, Odiseo, tras un largo viaje de 10 años donde adquirió sabiduría, aventuras y aprendió de sus peripecias llega a su anhelado destino:
Erguido junto al mástil, escucha el gran retornador las voces del retorno. Su corazón se aligeraba, su pupila, se purificaba, nuestro espíritu es un ave, y su trino la vida y la muerte. Lanza los ojos en torno y aprieta las manos y los dientes, sus dedos se hundían en los crespos racimos de vid, alrededor de sus caderas las doce deidades refrescábanse. Todo el cuerpo del rodador del mundo se volvió niebla, y lentamente, la barca de hielo, amigos, frutos y memoria, como bruma en el pélago vibraron y como rocío disolviéronse. La entraña se fundió, se petrificó su mirada, el latir del pecho se detuvo y el vasto espíritu estremeciose en la cima de su liberación. Las alas agitó, trémulo, y enhiesto, saltó al éter, y se liberó de su última prisión, su libertad. Todo lo demás se dispersó como una neblina y sólo un grito, se escuchó en ecos por unos instantes en las aguas celestes del final de la noche: ¡Vamos, ha soplado favorable la brisa de Caronte!
Hasta aquí también la nueva secuela de la Odisea.


Disponibles para ustedes en dos versiones, griego e inglés:
Kazantzakis, Nikos, Odiseia, Ed. Eleni Kazantzaki, Atenas 1938.
Kazantzakis, Nikos, The Odissey, a modern sequel, tr. Kimon Friar, Simon and Schuster, NY, 1967.

4 comments:

Anonymous said...

Ki egw eimai megalos Fan tou Kazantzaki!! An Mpwreis, tha mou esteileis ti metafrasi autou tou Arthrou?
Xairetismata kai filakia polla!
Alex

Berenikkha said...

Fusika na sou ti steilw! Sefxaristw polu!
Xairetismata kai gia esena!
Paola

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